Informativo agrourbano. Ministerio del Poder Popular de Agricultura Urbana y comunidades organizadas de la República Bolivariana de Venezuela

domingo, 9 de abril de 2017

Editorial (abril 2017)


En la Venezuela chavista, tiempo y plataforma de la Democracia Participativa y Protagónica, andamos explorando las claves de la recampesinización: el proceso que nos está llevando, por conciencia y por necesidad cotidiana e histórica, al momento en que los habitantes de las ciudades están mirando con curiosidad, y también con ardoroso afecto, aquellas prácticas que nuestros abuelos y bisabuelos dejaron atrás y allá lejos. El maestro pueblo que está potenciando esa vocación de regreso a la siembra proviene por lo general de las propias comunidades urbanas, y ha sido un reconfortante hallazgo la coincidencia de visiones entre la gestión del Minppau y el espíritu que mueve a este periódico: aquí la voz predominante será la del ese ser emergente que es el agrourbano. La del ciudadano que busca en la agricultura la solución a los problemas que nos trajo la entrega incondicional del país a una lógica empresarial y corporativa de la producción y distribución de alimentos.
El capitalismo perpetró durante el siglo XX un secuestro masivo de personas que se ganaban la vida en faenas del campo y nos trajo a este punto en que 80 por ciento de la población es urbana pero mayoritariamente improductiva. El sentido y razón de ser de un Ministerio de Agricultura Urbana, diseñado o preconizado en sus líneas maestras por el comandante Chávez en el Plan de la Patria, y creado en su concreción institucional por el presidente Nicolás Maduro, es la reactivación del apego de nuestra gente a las labores agrícolas, en busca de soberanía alimentaria, pero además de una alimentación sana, producto del esfuerzo de gente consciente y no esclavizada por terratenientes ni corporaciones.
El éxito de esta misión no podrá medirse solamente en toneladas de alimentos producidos (que ya los estamos produciendo y esto ha sido relativamente fácil) sino en algo más importante como la verificación de un cambio cualitativo de actitudes y tendencias: cuando el habitante de nuestras ciudades y pueblos se movilicen masivamente en la utilización de espacios ociosos para convertirlos en fuente de alimentos; cuando en los ámbitos familiar, vecinal y comunal la norma sea la producción de carbohidratos y proteínas para el sustento y el intercambio, entonces habremos dado el salto cualitativo que la Revolución ha iniciado a pesar de los obstáculos.
El término y concepto “recampesinización”, al que todavía muchos se acercan con cautela, desconfianza o abierto temor, no es de ninguna manera sinónimo de retrogradación o atraso. Cierta propaganda cosmopolita ha estandarizado la creencia de que sólo la tecnología y el artefacto cibernético nos garantizarán una navegación eficiente por el futuro. Prohibido olvidar que en ese territorio llamado “futuro” también necesitaremos comer, y la única tecnología que produce alimentos es la que nos hermana con las labores del campo, no la que niega nuestro origen campesino.

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